IMPACTO EN ARGENTINA: el Finochietto cerró su maternidad porque ya no nacen suficientes bebés
El Sanatorio Finochietto, uno de los centros privados más conocidos de Buenos Aires, decidió cerrar sus áreas de obstetricia y neonatología por la fuerte caída de nacimientos en el país.
Sí, leíste bien: en Argentina ya hay clínicas donde no conviene económicamente tener maternidad porque cada vez nacen menos chicos.
Las cifras son tremendas: en apenas 10 años los nacimientos cayeron casi un 50% y el promedio de hijos por mujer llegó a un mínimo histórico.
En las últimas décadas, el mundo fue testigo de un fenómeno sin la natalidad se derrumba en casi todos los rincones del planeta. India, el país más poblado del mundo, ha visto caer su tasa de fertilidad de 3,4 hijos por mujer a solo 2,0 en apenas treinta años, situándose ya por debajo del nivel de reemplazo necesario para mantener la población sin migración. México, por su parte, tiene hoy una tasa incluso inferior a la de EEUU.
Ante esta realidad demográfica, los investigadores buscan explicaciones. Y una de las hipótesis más recientes y provocadoras apunta directamente a los dispositivos que llevamos en el bolsillo. Un creciente cuerpo de investigación sugiere que la adopción masiva de teléfonos inteligentes y redes sociales podría estar acelerando el declive de los nacimientos de una manera que ningún medio de comunicación había logrado antes.
La evidencia más llamativa proviene de un estudio de la Universidad de Cincinnati, que analizó el des pliegue de la conectividad 4G en distintas regiones de EEUU y el Reino Unido. Los investigadores descubrieron que las tasas de natalidad comenzaron a caer de forma más pronunciada y temprana precisamente en aquellas zonas que recibieron primero internet de alta velocidad. No se trata de una correlación el acceso temprano a la red de cuarta generación pare ce anticipar el descenso de los nacimientos.
¿Qué mecanismos explicarían esta relación? Los especialistas Nathan Hudson y Hernan Moscoso-Boedo sostienen que el tiempo que los jóvenes dedican al entorno digital ha desplazado las interacciones cara a cara, aquellas que tradicionalmente conducían a la formación de parejas estables y, eventualmente, a la procreación. El smartphone no solo compite por la atención, sino que altera las dinámicas sociales fundamentales. La demógrafa Anna Rotkirch añade otro elemento el uso intensivo de redes sociales se asocia con mayo res niveles de disfunción sexual. Las plataformas ex ponen a los usuarios a estilos de vida cuidadosamente curados, generando compa raciones sociales negativas que alimentan inseguridad, ansiedad e inestabilidad emocional. En un entorno donde la apariencia y el éxito se miden en likes y seguidores, la intimidad real se vuelve más difícil y menos deseable.
Polémica: no todos los demógrafos compran esta nueva explicación
La crítica parte de un dato la fertilidad lleva más de dos siglos en descenso, mucho antes de que existiera internet, el iPhone o la tv. En EEUU, por ejemplo, las mujeres blancas tenían en 1800 una tasa de fertilidad de 7,04 hijos por mujer. Para 1850 ya había caído a 5,42, en 1900 a 3,56 y en 1930 a 2,45. Es cierto que hubo un repunte hacia 1960 con el famoso baby boom de posguerra, pero la tasa volvió a desplomarse hasta 1,74 en 1976. Cuando Steve Jobs presentó el primer iPhone en 2007, la fecundidad llevaba décadas en niveles bajos.
La caída no sería más que la continuación de una tendencia, no un fenómeno nuevo causado por la tecnología. Y si no es el smartphone, ¿qué explica este desplome? Los especialistas señalan factores mucho más estructura les. En primer lugar, la drástica reducción de la mortalidad si los padres confían en que sus hijos sobrevivirán, no hay necesidad de tener muchos para asegurar la vejez. En segundo lugar, el empoderamiento económico y educativo de las mujeres, que ganaron acceso masivo a anticoncepción, aborto legal y carreras profesionales propias, reduciendo el mandato social de casarse y tener hijos
. En tercer lugar, aumento de los costos de vivienda y la presión de las crisis financieras globales, que han hecho que alcanzar la estabilidad económica antes de la paternidad sea un objetivo cada vez más lejano y exigente. Un punto interesante de convergencia entre ambas posturas es el impacto de la tecnología en los adolescentes. Los autores del estudio sobre el 4G reconocen que, si bien hay un efecto notable en los jóvenes, la población mayor de 25 años, que representa el 80% de las mujeres en edad reproductiva, no muestra una respuesta así a este “choque tecnológico”.
La lección eliminar restricciones no alcanza
Un caso que puede ayudar a dirimir el debate es el de China. Por décadas, la política de hijo único impuso un límite brutal a la natalidad. Cuando el gobierno chi no decidió abolirla formalmente en 2016, permitiendo dos hijos por familia, y luego ampliarla a tres en 2021, los demógrafos esperaban al menos una recuperación parcial, pero no ocurrió.
Lejos de eso, la tasa de fertilidad china se desplomó a niveles cercanos a un hijo por mujer. Los analistas coinciden en que el factor determinante ya no es la regulación estatal, sino las mismas restricciones socioeconómicas que operan en Occidente. El costo de la vivienda en las grandes ciudades es prohibitivo. La presión laboral, intensa.
El sistema de cuidado infantil, insuficiente. Las mujeres chinas, cada vez más educadas y con aspiraciones profesionales propias, enfrentan una disyuntiva brutal entre carrera y maternidad. Y los salarios extremamente bajos que atrajeron tantas inversiones también empujaron a las parejas a priorizar el trabajo por sobre la crianza. El gobierno chino respondió con permisos parentales, incentivos fiscales, campañas para promover valores familiares, pero los resultados son limitados.
GENTILEZA: A 24