Quince empresas se repartieron 683 MW de potencia en baterías de litio para reforzar los nodos críticos de Edenor y Edesur en el AMBA, en un sistema que la Argentina estrena para amortiguar los picos de demanda antes de la temporada de calor
Entre las 20 y las 21 horas del sábado 19 de septiembre, un apagón masivo dejó sin electricidad a casi 600.000 usuarios del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA). La falla se originó en un interruptor de 220 kilovolts de la estación transformadora Malaver, una instalación de Edenor ubicada en el partido bonaerense de San Martín. El mecanismo que debería haber aislado el problema de forma automática no respondió a tiempo, y el desperfecto se extendió hacia otros puntos de la red hasta afectar también a clientes de Edesur.
El corte llamó la atención por el momento del año: la temporada alta para los cortes de luz suele ocurrir durante el verano, no en septiembre. Pero el episodio expone un problema estructural que el Gobierno intenta resolver antes de que llegue el pico de calor. La respuesta se llama ALMA-GBA, la primera iniciativa de almacenamiento de energía a gran escala del país, basada en sistemas de baterías de última generación, con una inversión que supera los USD 540 millones.
El desfase entre oferta y demanda tiene historia. Durante aproximadamente 20 años, la infraestructura eléctrica del país no acompañó el crecimiento del consumo. La desregulación del mercado mayorista, impulsada desde 2024 mediante la Resolución 400 de la Secretaría de Energía, buscó corregir ese rumbo al devolver a las distribuidoras su rol de contratación directa. “No se realizaron las inversiones necesarias para acompañar el crecimiento de la demanda y modernizar la infraestructura”, consignó el Gobierno en documentos oficiales vinculados al proceso
Los especialistas coinciden en el diagnóstico: el problema no está en la generación de energía sino en la capacidad de la infraestructura para distribuirla.
La Argentina no tiene déficit de oferta. Hay gas, agua, viento, sol. Lo que falla es la capacidad de la red para transportar esa energía hasta los hogares en los momentos de mayor demanda.

El fenómeno de El Niño da margen para el verano, pero no elimina el riesgo
Para la temporada que se aproxima, El Niño ofrece cierto alivio: las proyecciones indican temperaturas por debajo de la media histórica, lo que reduce la probabilidad de una sobreexigencia generalizada del sistema. Sin embargo, lo que pone en jaque a la red no son las temporadas cálidas en sí mismas, sino los días de calor extremo sostenido durante varias jornadas consecutivas. Esos picos puntuales son los que generan los cortes, y son también los que el sistema de baterías está diseñado para amortiguar.
En invierno, el gas se prioriza para calefacción y encarece la generación; en verano, la disponibilidad es mayor y los precios bajan, pero la infraestructura de distribución llega a sus límites físicos.

Cómo funcionan los BESS
La solución técnica se llama BESS, sigla en inglés de Battery Energy Storage System (sistema de almacenamiento de energía en baterías).
La lógica es simple: en los momentos de baja demanda —la madrugada o el mediodía—, las baterías se cargan con energía tomada de la red, un proceso que insume entre seis y ocho horas. Cuando la demanda sube y la red se tensa, las baterías descargan la energía almacenada durante cinco horas y funcionan como un reservorio que amortigua los picos.